Mi ira, rabia y frustración en los videojuegos

Desde muy pequeño y por cosas del destino siempre he estado rodeado de algún artefacto relacionado con el mundo de los videojuegos, mi padre y mi hermano mayor siempre les ha gustado la tecnología por lo que siempre compraban cosas que les llamaran la atención.

Mi primera experiencia con una videoconsola fue a los 4 años de edad, en nuestra casa había una Atari 2600 con un maletín lleno de muchos de sus juegos, además existía una PC 286 con un monitor monocromático donde jugaba Prince of Persia.

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Un día mi madre visita a una de sus amigas y me lleva con ella, en lo alto de una estantería había una caja que me llamaba mucho la atención, a cada rato le preguntaba a mi madre ¿Qué es eso? Ella no sabía que responderme, pero algo me decía que se trataba de algún tipo de entretenimiento.

Cuando llegaron las navidades de ese mismo año me sorprendí por completo cuando en uno de los regalos estaba la caja que vi en aquel momento, se trataba de la Nintendo Entertainment System, lo impresionante es que no sabía que se trataba en sí de una consola, pero todos esos dibujos que tenía en su caja me hacían pensar que era de algo realmente fabuloso.

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Mi apreciada NES

Esta consola me vino con 4 videojuegos, Super Mario Bros./Duck Hunt, The Simpsons Bart vs. The Space Mutants, Double Dragon 2 y 3, cada uno de estos títulos representó un reto duro de pasar, a pesar de que mi favorito era Double Dragon 2 el que más me hizo explotar de la rabia indudablemente fue Bart vs. The Space Mutants.

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Siempre fui un gamer apasionado, me dejaba llevar horas intentando pasar esos mundos difíciles, cuando cometía un error mi rabia se elevaba a niveles celestiales, el que pagaba las consecuencias era el mando de la NES.

Nes controller

El nivel que ayudó a dejar cicatrices en este mando fue el del museo, sus saltos ridículamente exactos, lo complicado que era y explorar zonas desconocidas hacía que parecía imposible, pero fue una parte que me colocaba realmente nervioso porque no sabía cómo avanzar y perdía todas las vidas en el intento, era cuando luchabas contra un tiranosaurio REX.

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Cuando moría injustamente quería partir en dos el mando, se escuchaba la tensión del plástico (por eso serán para siempre los controles más resistentes) y al no poder romperlo lo tiraba contra el piso, además de gritar como un loco, mi madre siempre venía al cuarto para quitarme la consola y esconderla, al calmarme me la entregaba nuevamente, pero esta historia se repetía muchas veces.

Pasó un tiempo, y nuevamente en un diciembre me sorprendieron con un regalo, esta vez se trataba de una Super Nintendo, mi pasión por los videojuegos se elevó a niveles inexplicables con todos los videojuegos que pude jugar con esta videoconsola, pero uno de ellos me alteró de tal manera que estuve a punto de tirar todo por la ventana.

Super Nintendo
Mi apreciada SNES

Con la Super Nintendo me convertí en un fanático de los juegos de pelea, Street Fighter 2 fue mi maestro, pero con el tiempo salieron otros videojuegos como lo fue Mortal Kombat, el que más jugué de todos fue Mortal Kombat 2 quien fue el responsable de herir de por vida mi control de SNES.

Este videojuego tenía una buena dificultad, si perdías 3 veces debías empezar desde el principio, practique durante mucho tiempo (recuerdo que mi personaje favorito era Mileena) para poder llegar a lo máximo de esa torre y vencer a Kintaro, luego debía luchar contra Shao Kahn pero al ser un novato contra él me mataba rápidamente.

El proceso lo repetía una y otra vez, la frustración era muy alta, hasta que en una batalla pude predecir sus movimientos, ganando el primer Round, el segundo Round no me dejó hacer nada, por lo que todo se decidía en esta pelea, vale acotar que ya no tenía más continues, por lo que si me vencía era Game Over.

Mis manos estaban totalmente frías, sudaba como si hubiera corrido kilómetros, estaba muy nervioso, pero estaba convencido de que podía vencerlo, la pelea estaba totalmente a mi favor, tenía prácticamente la vida llena, solo necesitaba dar tres golpes y ganaba, fue un mal salto que di por los mismos nervios que resultó un total desastre, impidiendo defenderme de manera correcta de esos ataques fulminantes borrando toda mi vida en 3 segundos.

Mi rabia no la pude controlar, arranque el mando de la consola tirándolo con toda mi fuerza hacia la pared, saque el cartucho de una manera muy agresiva, queriéndolo partir en dos, mi frustración era realmente grande, aquí fue donde mi control quedó marcado por toda su vida.

Pero no solo con las consolas viví momentos de tensión, cuando salió Half Life en PC me pareció en su momento un juego realmente impresionante, una de las cosas que más me llamó la atención fue su modo Multiplayer, varios de mi localidad nos unimos para formar una Red Local (LAN) y poder jugar durante muchas horas el modo deathmatch.

Mi PC era la que menos potencia tenía entre todos, por lo que decidí trabajar y comprarme una tarjeta de video (recuerdo que fue una ATI Diamond de 32 MB) para ver si podía jugar al mismo nivel.

El entrenamiento fue intensivo para practicar mi puntería, todos los días jugaba muchas horas, pero era casi imposible ganarles, sintiéndome muy frustrado, a veces no entendía como con unos simples disparos me mataban tan rápido, además tenía tan mala suerte que aparecía justamente al lado de ellos matándome instantáneamente.

¿Adivinen donde drenaba mi rabia? El mouse, cambié más 5 mouse debido a los daños que yo mismo les causé, sin embargo, esto fue una de las mejores enseñanzas que tuve para los FPS, aunque ya he perdido un poco de práctica.

Con el tiempo esta frustración o rabia la fui drenando de una manera distinta, controlándome, respirando profundo sobre todo en videojuegos online (League of Legends), aunque en ocasiones es realmente difícil, pero lo importante es que aún siento esa pasión por los videojuegos, presiento que seré un anciano jugando con todos mis nietos y transmitiéndole todas mis experiencias de toda mi vida gamer.